En principio partimos de la idea de desarrollar, a partir de cuarto curso, la idea de audición consciente; para ello, partimos de las siguientes premisas:
1.- Hemos de aportar previamente al alumno toda la ayuda gráfica posible; en este caso, un musicograma de fácil comprensión a primera vista, y en el que hemos evitado aspectos teóricos de difícil asimilación para estas edades, como “desarrollo temático”, “puente modulante”, etc...
2.- Las piezas musicales deben ser variadas y su selección ha de hacerse según dificultad progresiva, aunque creemos que este aspecto no estará exento de subjetividad: “lo que nos gusta, nos parece más fácil”.
3.- No nos planteamos estas audiciones como un fin en sí mismas sino como un medio para acercarnos a las formas musicales clásicas más elementales, a la vez que desarrollamos la precisión rítmica, lo que no está nada mal, tanto mediante la programación de ejercicios de percusión corporal, como a través del uso de instrumentos de pequeña percusión indeterminada que se sugieren en el propio musicograma.
4.- Como procedimiento, añadimos que, antes de la audición, los alumnos, según nuestro criterio, deben conocer el musicograma, lo analizamos, les damos una breve explicación y lo coloreamos. Todo ello, con el fin de que les sea más fácil, posteriormente, seguir la audición, a la que damos tres fases:
a.-Audición y seguimiento por partes.
b.-Audición + percusión corporal
c.-Audición + percusión indeterminada
-Otra opción consiste en presentarlo primeramente en la forma de transparencia coloreada con ayuda del retroproyector y realizar con este soporte las distintas fases de la audición. Luego, como reafirmación de lo trabajado, entregar la fotocopia y colorearla. Sin embargo, a nosotros nos va mejor la anterior, porque nos resulta más motivadora respecto a la posterior audición activa.
Insistimos que ésta es sólo una propuesta más. Hay otros muchos caminos para llegar a la audición consciente y activa de la música clásica.